martes, 22 de mayo de 2018

El club de los poetas muertos

Hablan de poetas anónimos,
entre copas,
en viejas barra de bar.
Suena a bohemia desventura,
a nostalgia para versar...
suena a Manhattan,
a París,
suena a música jazz.

Pero
sólo hay rostros en desgracia,
grietas profundas en el alma,
muecas desencajadas que ocultan
la porquería que están a punto de vomitar.
Y lo harán encima del jersey rosa aterciopelado
de la chica rubia que, enamorada,
coquetea con el cabello entre sus dedos;
lo harán sobre su cándida sonrisa.

No.
No es lugar para bohemios,
sino para muertos en vida.
Es pila bautismal para ahogar las penas,
y pedestal para sacrificar las viejas glorias,
es un abrevadero donde devorar la inocencia,
una letrina donde vomitar,
putrefacta,
la soledad.

lunes, 21 de mayo de 2018

La ley del Talión

Antes de cerrar la puerta le sobrevino la imagen de su pequeña riendo desatada ante una de sus picardías de niña feliz. Ir, dejarse ir; caer, saltar al vacío. Y emprendió su periplo, aciago y lento, cruzando calles, como quien pasa con nostalgia las amarillentas páginas de un viejo álbum de fotos. Y llegó a su destino, una destartalada plaza en un suburbio al otro lado de la ciudad. Allí jugaban un padre y su hijo, con un balón de reglamento, a ser amos del balompié. Entonces sacó de su bolsillo un revolver, también de reglamento, y disparó sin pestañear en la cabeza del niño. No podía sentirse en paz, no se sentía liberado ni aún consumando su venganza. Antes de volarse la tapa de los sesos, pensó que al menos ahora su contrición será compartida. A falta de justicia, ese era su único consuelo.

miércoles, 25 de abril de 2018

¿Dónde está el bálsamo de Fierabrás?

I

Cuando de madrugada llamaron insistentemente a su puerta, aún no comprendía por qué tenía las manos ensangrentadas y una horrible herida coagulada que parecía dividir su rostro en dos mitades asimétricas. Se lavó desesperadamente, e intentó luego encontrar en sus pupilas una fugaz señal que lo hiciera sentir seguro. Pero sólo halló en ellas un viejo cuervo blanco graznándole a una paloma torda.

II

Y entraron a la fuerza, para eso son la policía de lo correcto. Y lo apalearon como a un pelele en plena Revolución Francesa. Y cuando pensaba que se lo llevarían los fríos dedos de la muerte, lo esposaron para mandarlo, en una carta sin remite ni acuse de recibo, de vuelta a ese lugar de cuyo nombre nadie quería hablar.

III

Quiso pelear contra gigantes, lidiar contra las afrentas que lo seguían, olvidar los consejos y diagnósticos de los incrédulos. Quiso rezar a la Justicia, que es buena cobradora de monedas de oro, pero sólo le devolvió un saco de palos. Y así, manteado hasta el alma, emprendió viaje de vuelta consciente de que como los huesos también se rompen los sueños, que el tuétano es la única medalla para los héroes de nuestra cruda realidad.

martes, 13 de marzo de 2018

El leve murmullo del Nilo

Una señora observa, ensimismada, el infinito, allá donde los bosques se pierden sin árboles que los abriguen. A su derecha, una pareja de jóvenes charla frívolamente en un idioma que no entiende, aunque suena a efervescencia de alegría, acallando con sus risas pícaras y miradas risueñas el leve murmullo de las aguas del Nilo. Con la delicadeza de la brisa del río, acaricia la alianza de su mano derecha: la eternidad sigue su cauce, como el limo verde enriquece las arenas del desierto.

lunes, 19 de febrero de 2018

Memorial de ausencias

Recuerdo bien aquella época en la que el tiempo se medía en pedazos de deseos y de sueños. Cuando, para lo bueno y para lo malo, me enseñaste que la felicidad, como el buen vino, hay que escupirla, después de paladearla, para recordar su esencia sin restos de pretéritas memorias. Y ahora que las manecillas del reloj corren más rápido que mi ánimo, todo me sabe a barrica de roble añejo de miradas perdidas, a frutos del bosque madurados en risas lejanas, a vainilla de ausencias. Sorprendente, ¿no?

martes, 30 de enero de 2018

Introspección

Para viajar al infierno
no es necesario cabalgar
a lomos del leviatán,
basta con cerrar los ojos
y voltearlos hacia dentro.

domingo, 3 de diciembre de 2017

En papel de regalo

El tono de su piel fue palideciendo, paulatinamente. Apenas le quedaba un hilo de voz en la garganta; apenas una lámpara de sombras por ideas, en su mirada. Tal vez por eso no contestó a ninguna de las preguntas que, inquisitivamente, le formulaban desde el exterior de su linda cabecita, que como una caja envuelta en papel de regalo, aguardaba impaciente a que alguien la descubriera. Adiós al muñeco de nieve, que en las noches de risas abría paso a miradas pícaras; adiós al bastón de caramelo, que mordía, seductora, las vísperas, cuando ya se quedaban a solas; adiós a la sangre que termorregulaba sus venas. Adiós a la vida, aunque la otra, sin ángel ni corona, poco o nada la ilusionaba.